Cristina Wilhelm

El sentido religioso en la cultura helénica a partir del poema homérico

In Filosofía on 21 agosto 2009 at 7:44 PM

Por Cristina E. Wilhelm

20070717klphisuni_64.Ies.SCO

Introducción
La epopeya homérica es la principal fuente de información que nos permite aproximarnos a un conocimiento sobre la religiosidad helénica. La Ilíada y La Odisea, además de ser dos tesoros de la literatura clásica, ilustran con prosa magistral ese universo mítico concebido por el pensamiento griego primitivo, donde los dioses del Olimpo protagonizaron lo que se conoció como la religión de la polis, que tiende a entenderse como la religión griega por antonomasia.

El mundo griego nunca pudo lograr una real integración territorial o política y eso se tradujo en gran diversidad de sistemas de creencias religiosas, ya que cada ciudad poseía sus propios mitos, rituales y cosmogonías. Pero en medio de esa vorágine de credos, el poema homérico desempeñó un papel unificador. La Ilíada y La Odisea fueron aceptadas por todos los griegos, quienes las enseñaban a sus hijos desde la niñez. No era raro encontrar entonces quien recitara de memoria las narraciones extraordinarias de Aquiles y Ulises compiladas en esos cantos, ecos de himnos heroicos que hablaban de un tiempo de hombres honorables, cuya genealogía los conectaba por consanguinidad con el universo de las deidades; una bendición divina de la que habían sido desheredados sus sucesores y que dividía la historia del mundo griego con un abismo insalvable. Nadie describió con mayor justeza que Homero los mundos paralelos de dioses y hombres, y ese singular mundo intermedio donde lo humano y lo divino se conjuga. La Grecia Antigua fundamentó sobre estas epopeyas las bases de lo que puede considerarse como la etapa de mayor solidez en su sistema de creencias.
Sin embargo, la conquista de Alejandro Magno abrió la incisión que inició el resquebrajamiento de los valores espirituales de Grecia. Una nueva concepción política y religiosa impulsada por los sofistas introduce conceptos como el relativismo moral y el agnosticismo, que cuestionan la existencia de esos dioses que durante siglos reinaron desde los pedestales de los templos helenos. Pensadores como Tertuliano –bautizado por la historiografía como el padre de la iglesia latina por haber introducido al vocabulario cristiano términos como “Trinidad” y “Nuevo Testamento”, y por calificar por vez primera al cristianismo como la única religión verdadera– mostraron las creencias griegas tradicionales como meras supersticiones, para dar paso a un incipiente racionalismo.

Pero, ¿es justo condenar esas creencias que desde la época micénica guiaron las vidas de los helenos? ¿Es que acaso la mitología griega fue simplemente un bonito universo fantástico creado para llenar un vacío de fe? ¿Será posible que el fervor suscitado por las fabulosas narraciones homéricas fue simplemente eso, el producto de una fabula muy elaborada? ¿Vivieron los griegos antiguos al margen de una verdadera religión?

El sentido religioso en Homero
Aunque nuestra mente occidental modelada por dos mil años de cristianismo nos impulsa a cuestionar el valor de la mitología griega como religión, ciertamente este sistema de creencias derivado del mito y plasmado en todo su esplendor en el poema homérico, cumplió el rol unificador y moralizador que caracteriza a una auténtica religión. Esa homogeneización de la fe promovió el desarrollo de rituales colectivos que hicieron posible una aproximación al ideal panhelénico.

Ciudadanos de las diversas ciudades-estado se reunían en nombre de sus divinidades para rendirles culto y en esos encuentros realizaban competencias para demostrar sus fortalezas. Esos momentos evidenciaban la identificación griega con sus deidades pues, tal como ilustra Homero en La Ilíada, los ganadores alcanzaban la victoria gracias a una elección divina imaginaria. Participantes de diversos orígenes territoriales, aunque todos ellos helenos, se enfrentaban bajo los auspicios de una divinidad presidente (Zeus en los Juegos Olímpicos, Apolo en los Juegos Píticos, Zeus en los Juegos Nemeos o Poseidón en los Juegos Ístmicos); el vencedor proclamaba su excelencia en toda Grecia y ratificaba el prestigio de “lo griego”. Banquetes rituales y sacrificios para los dioses unieron a los helenos, quienes estrechaban con sus divinidades lazos imaginarios, a través de sus ofrendas animales y libaciones. En este sentido, podemos afirmar que la mitología griega cumplió un papel semejante al de las religiones modernas, como sistema sociocultural garante de la sana convivencia de los miembros de una sociedad.

Igualmente, la mitología alimentó las creencias en los oráculos, los cuales apelaban a las divinidades para dirimir conflictos entre ciudades. En La Ilíada Homero resalta la importancia innegable de sabios y adivinos, de hecho, la tragedia del poema homérico se desencadena por la negativa de Agamenón de seguir el consejo de Calcante el Testórida, el mejor de los augures, de devolverle al sacerdote Crises su hija raptada para cumplir con la voluntad de Zeus. Loa antiguos griegos adoptarían este valor en su vida cotidiana a través de figuras notables como el Oráculo del Delfos que, por medio de su pitonisa en trance, resolvía las situaciones que no tenían solución en el marco institucional de la polis. Ante la incapacidad humana de encontrar una salida, los griegos dejaban la decisión en manos de Apolo, dios –entre otras cosas– de los augurios y la elocuencia.

Sin embargo, deconstruyendo el poema homérico de La Ilíada, salen a relucir ciertos elementos curiosos. Y tal como sucedió con su protagonista de pies ligeros, éstos revelan el talón de Aquiles de la mitología griega como religión. Según el Diccionario de la Real Academia Española, la religión es un “conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social y de prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio para darle culto”. Pero vemos que Homero recrea en la epopeya un conjunto de deidades que, en primera instancia, carecen de un comportamiento con orientación moral. La conducta de los dioses responde a su intención de cumplir deseos y satisfacer sus pasiones y voluntades, sin tomar en consideración valores como la justicia. Estos Dioses, presididos por Zeus, mostraban arbitrarias preferencias en el mundo de los humanos y manipulaban con su poder para favorecer a unos y dañar a otros según lo requirieran las circunstancias. Y esto ocasionaba incluso una suerte de caos olímpico de dimensiones colosales cuando los intereses de las deidades entraban en conflicto. Esto queda dibujado en numerosos pasajes de La Ilíada, como por ejemplo en el Canto XX, que narra el combate entre los dioses del Olimpo, a la par del de los aqueos y troyanos en el campo de batalla. Zeus convoca a todas las deidades al ágora celestial para manifestarles su voluntad con respecto al proceder de cada uno de sus hijos divinos:

“¿Por qué, ¡oh tú que lanzas encendidos rayos!, llamas de nuevo a los dioses a reunión? ¿Acaso tienes algún propósito acerca de troyanos y aqueos? El combate y la pelea vuelven a encenderse entre ambos pueblos”.

Respondióle Zeus, el amontonador de nubes:

“Entendiste, tú que bates la tierra, el designio que encierra mi pecho y por el cual os he reunido. Me cuido de ellos, aunque van a perecer. Yo me quedaré sentado en la cumbre del Olimpo y recrearé mi espíritu contemplando la batalla; los demás, idos hacia troyanos y aqueos, y cada uno auxilie a los que quiera. Pues si Aquiles combatiese solo con los troyanos, ellos no resistirían ni un instante la acometida del Pelión, el de los pies ligeros. Ya antes huían espantados al verle; y temo que ahora, que tan enfurecido tiene el ánimo por la muerte de su compañero, destruya el muro contra la decisión del Hado”.

Este pasaje revela además otros rasgos que vale la pena destacar. Uno está muy presente en la epopeya de Homero: se trata de la actitud desafiante de los mortales hacia lo divino. Zeus asoma la posibilidad de que Aquiles contradiga la voluntad del Hado, ese destino inexorable que hasta las deidades deben acatar.

El mismo Agamenón, en un ataque de despotismo desmesurado, desafió los designios del gran Zeus, provocando la muerte de miles de aqueos. Esto resulta inconcebible para religiones semíticas, donde el hombre se entrega sumiso y temeroso al poder de su Dios providente y justo. En el mundo de Homero los dioses se complacen del sufrimiento humano e incluso lo provocan deliberadamente. Como demuestra el fragmento citado, los dioses sienten lástima por la inexorable suerte de los mortales, seres desdichados por excelencia. Ni siquiera el hombre justo puede escapar del infortunio si el Hades ya lo ha dispuesto y, ante este trágico panorama, al hombre no le queda más remedio que luchar por vivir en el recuerdo, cosechando glorias en el combate. El heroísmo parece ser la única forma de burlar la muerte y alcanzar una suerte de inmortalidad, como muestra el caso de Aquiles o Héctor.

La actitud fatalista del héroe homérico lo hace rebelde y amigo de su voluntad. El hecho de sentirse ajeno a su destino, lo impulsa a adueñarse de su vida y a tomar decisiones que reflejan su terquedad exacerbada. Sin embargo, al final del día siempre son los dioses quienes tienen la última palabra. Gran ejemplo brinda Aquiles, quien durante nueve años permaneció al margen de la Guerra de Troya por su negación a deponer la cólera y, aunque juró abandonar a Agamenón, los dioses urdieron el ardid que lo llevaría a dar muerte a Héctor.

Igualmente, en La Odisea Ulises se vale de todo tipo de estratagemas y discursos engañosos para burlar la voluntad de Poseidón, quien trata de impedirle su regreso a casa. Sin embargo, diez años pasaron hasta el día en que pudo volver al reencuentro de Penélope y Telémaco. Pareciera que los humanos son títeres de los dioses, en ese mundo homérico donde la justicia divina brilla por su ausencia. Bien lo reflejó Esquilo cuando afirmó en la tragedia de Niobe: “La divinidad hace culpables a los hombres, si exterminar alguna casa de raíz quiere”.

A propósito de esto, el catedrático Roberto Cañas-Quirós dice en su ensayo El alma y su dimensión escatológica en la religión y la filosofía griegas: De Homero a Platón: “Aun cuando los mortales eran juguetes de divinidades veleidosas, existió un vínculo tan estrecho entre el hombre y lo divino, que las obras épicas, líricas, trágicas, cómicas, políticas, filosóficas, arquitectónicas, entre otras, nunca estuvieron al margen de un contenido religioso”.

A estas alturas podemos aventurarnos a afirmar que, si bien el poema homérico no consolidó una religión formal en la Antigua Grecia, ciertamente despertó un sentido religioso innegable. Las ciudades fundamentaron su identidad cívica en esas deidades, como el caso de Atenas, la ciudad de Atenea, que no sólo llevaba el nombre de la diosa, sino que además le construyó el Partenón (llamado así pues Atenea también era conocida como Parthenes). Atenas le dedicó su fiesta principal –las Panateneas– e inscribió en sus monedas a la lechuza, símbolo de esta diosa griega del pensamiento, de la sabiduría, de la guerra inteligente, de la paz y de todas las artes. Ese esplendor daría pie, siglos después, a la idealización estética que de Grecia realizó el neohumanismo alemán.

Tal necesidad de veneración sólo puede ser producto de un auténtico espíritu religioso. Sin embargo, la ausencia del consuelo de una vida más allá de la muerte, fue quizás el gran talón de Aquiles de la mitología griega. Al final de la vida, al hombre sólo le espera la imposibilidad de reivindicar los sufrimientos en la felicidad de una vida eterna junto a los dioses. Y esa falta de esperanza probablemente fue lo que llevó al mundo heleno a considerar nuevas rutas hacia la religiosidad y finalmente a concluir que ese mundo de dioses caprichosos era simplemente el producto de una elaborada y detallada invención mítica.

Lo apolíneo y lo dionisíaco
La obra de Nietzche, en especial El nacimiento de la tragedia, brindó al mundo una satisfactoria reflexión para entender, e incluso reivindicar, la experiencia religiosa helénica, a través de la dualidad de Apolo y Dioniso, el dios advenedizo. El sentido apolíneo explicaba la relación entre el dios y el hombre, entendiendo ese hiato insalvable que obligaba al hombre a aceptar los designios divinos. Sin embargo, este recato dejaba al margen la incipiente necesidad griega de misticismo, de un acercamiento con las deidades en la vida terrena o después de ella; esto se tradujo en manifestaciones religiosas particularmente interesantes, que se atribuyen a lo dionisíaco.

Entre ellas destacan los Misterios Eleusinos, basados en el culto a Perséfone, la hija de Deméter secuestrada por el Hades y llevada al inframundo. Esta historia, narrada en los Himnos Homéricos, explica que con la desaparición de su hija, Deméter, diosa la vida, descuidó la fertilidad y trajo consigo el invierno. El regreso de Perséfone significó el regreso la primavera, y con este hermoso mito se explica el fenómeno de las estaciones. Lo curioso es que para celebrar los Misterios Eleusinos, sacerdotes e iniciantes se sometían a unos ritos secretos de iniciación que incluían el consumo de una bebida especial realizada a partir de cebada y poleo llamada kykeon, la cual provocaba un estado de clímax. Los iniciantes entraban en una sala llamada Telesterion donde les eran mostradas las sagradas reliquias de Deméter. Esta era la parte más reservada de los misterios y aquellos que eran iniciados tenían prohibido hablar jamás de los sucesos que tenía lugar en dicha sala, so pena de muerte. Una teoría moderna sostiene que los sacerdotes eran los que revelaban las visiones de la sagrada noche, consistentes en un fuego que representaba la posibilidad de la vida tras la muerte”.

Esa necesidad de trascendencia también se evidenció en el movimiento órfico, que se enfrenta deliberadamente a las tradiciones religiosas griegas y traza en definitiva una nueva concepción del ser humano y su destino. Bajo el nombre del mítico Orfeo, cantor y trágico viajero del “más allá”, surgen una serie de textos que predican esa nueva religiosidad basada en una doctrina de salvación sobre el hombre, su alma, y su destino tras la muerte. Además, la invasión Macedonia provoca el surgimiento de cultos mistéricos de origen oriental como los misterios de Mitra, de Cibeles y hasta de la diosa egipcia Isis, en una evidente permeabilidad de las creencias egipcias a la religión helénica.

Conclusión
La ausencia de interiorización del sentido religioso en Homero, dio pie a la Teogonía de Hesíodo, que de alguna forma buscó regresar a los valores tradicionales de la época micénica y recobrar el sentido moral que se había diluido con la religión homérica. Esto también se debió en gran parte a que en las ciudades griegas no existió un sacerdocio jerarquizado que canalizara los dogmas religiosos y orientara sus posibles interpretaciones. Esto degeneró en una doble moral y en un alejamiento de los valores espirituales.

La religión homérica era aristocrática, dirigida a una elite griega, y este desequilibrio, este “dejar por fuera” al pueblo, provocó que poetas, adivinos, y sanadores se atribuyeran funciones sacerdotales y buscarán llenar de alguna forma ese profundo vacío que ni las quinientas páginas de La Ilíada pudieron llenar. Sólo la desmesura dionisíaca brindó una respuesta satisfactoria.

De esta forma, la instauración de una religión mestiza, sincrética, se abre paso en medio de cultos y prácticas basados en orígenes diversos, conformando en el ethos griego una ideología religiosa más cosmopolita y centrada en el individuo.

La mayor parte de los cultos histéricos fueron bien recibidos por pensadores como Pitágoras y los pitagóricos, quienes se caracterizaron por ese carácter ascético y religioso que al final de la civilización jonia se expresó a través de un renacimiento espiritual. El mismo carácter que trataron de proporcionar a Grecia esos elementos religiosos auténticos que la mitología olímpica les había negado a los helenos.

Posteriormente, Platón heredó las enseñanzas de estas doctrinas y en obras como Fedón, La República y Fedro representa la gran escatología del alma y su destino como peregrinación en el orden universal. Platón introdujo conceptos como la reencarnación del alma y su purificación a través del sufrimiento humano, y convirtió a la filosofía en la vía ideal para llegar al mundo inmortal de los dioses.

Esta apertura religiosa devino en el afianzamiento de la idea de una divinidad única y todopoderosa, que ofrecía a los hombres una vida mejor, más allá de la muerte. Sin embargo, al conocer las conclusiones que cristalizó Nietzche a lo largo de su vida y al constatar la perfección de ese mundo de dioses y criaturas míticas que llevaron a las alturas el ideal de “lo griego” no puedo evitar plegarme a las ideas de este pensador alemán, quien catalogó a la religión, la sociedad y la polis griega del periodo presocrático como un ideal social, de relación sensual y erótica con el mundo, que fue vilmente destruido por las religiones monoteístas que privaron al cosmos de su carácter divino y desvalorizaron la sensualidad y corporeidad del hombre helénico.

Bibliografía
•    Homero. La Ilíada. Editorial Grolier. Traducción de Luis Segalá y Estalella.
•    Homero. La Odisea. Editorial Losada, Buenos Aires, 1944.
•    Copleston, Frederick. Historia de la filosofía. 1: Grecia y Roma. Ariel Filosofía. 1969.
•    Alsina, José. Religión, mito y tragedia en Grecia. Editorial Barcelona, 1971.
•    Nietzsche, Friedrich. El nacimiento de la tragedia. Alianza Editorial, Buenos Aires, 1995.
•    Cañas-Quirós, Roberto: El alma y su dimensión escatológica en la religión y la filosofía griegas: De Homero a Platón. Revista Acta Académica, Universidad Autónoma de Centro América, Número 22, pp [88 98], ISSN 1017 7507, Mayo 1998.
•    Guerrero, Patricia. Las “fiestas” en el tiempo de Homero. Rev. signos, 1999, vol.32, no.45-46, p.23-29. ISSN 0718-0934.
•    http://es.wikipedia.org

About these ads

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

%d personas les gusta esto: