Cristina Wilhelm

Chilam Balam: Una ecoaldea en Venezuela

In Periodismo on 25 agosto 2009 at 7:19 PM

Por Cristina E. Wilhelm

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A sólo treinta minutos de Caracas habita una comunidad que se resistió a vivir en un mundo caótico y alejado de los principios de sustentabilidad. Está integrada por hombres visionarios, que se adelantaron al futuro que les espera, dentro de un planeta que se consume ante la mirada indiferente de casi todos sus habitantes. Por fortuna, siempre hay guerreros dispuestos a luchar la batalla.

Durante los siglos XVII y XVIII, antes de la llegada de los conquistadores al Nuevo Mundo, una de las mayores civilizaciones que haya existido escribió una colección de libros titulada Chilam Balam. Los textos eran un compendio de los secretos mayas, que hoy representan la principal fuente de conocimientos sobre su religión, historia, folklore, medicina y astronomía. Esa suerte de “receta para una civilización armónicamente perfecta” –que corrió con la fatal fortuna de ser vulnerada por el afán depredador de sus conquistadores– fue la inspiración que dio nombre al proyecto de vida de Xiomara y Pedro González, los iniciadores de la primera ecoaldea venezolana.

Hastiados del caos citadino que Caracas les ofrecía, decidieron apostar a este concepto, concebido por un astrofísico que lideró el Movimiento Verde de los setenta, quien creyó posible la existencia de comunidades alternativas con un sistema de vida ecológicamente sustentable y económicamente viable, sin explotar ni contaminar los recursos naturales; parafraseándolo, un mundo donde las normas socialmente impuestas se convirtieran en un estilo de vida consciente, enmarcado en patrones bionaturales para una sociedad con cultura ecológica.

Es inevitable recordar la novela La Playa de Alex Garland, –popularizada en el cine con la versión protagonizada por Leonardo Di Caprio– donde las costas vírgenes de Tailandia cobijaban secretamente a una sociedad utópica, regida por normas propias a través de una democracia participativa, y del funcionamiento de un sistema socio-económico ecosustentable. Un mundo ideal, que pereció tras el ataque de invasores que no supieron valorarlo.

Sin embargo, las ecoaldeas vencieron las etiquetas que las mostraban como utópicas –condenadas al caos– demostrando ser una realidad posible. Este modelo se aplicó con éxito en Europa, África, Oceanía y América, recibiendo el apoyo económico de organismos como la Unesco y las Naciones Unidas. Con Chilam Balam, Venezuela se suma a la lista de países integrados a la Red Mundial de Ecoaldeas y a la Red de Ecoaldeas de Las Américas.

Chilam Balam está ubicada en un santuario prácticamente virgen, considerado zona protectora. Está rodeada de montañas verdes, aire puro y manantiales cristalinos. Sus recursos son celosamente cuidados por sus habitantes, guardianes de la naturaleza, defensores de la salud, la paz, la espiritualidad y el arte, y preocupados por el desequilibrio ecológico que el hombre ha causado al planeta.

Los ecoaldeanos de Chilam Balam se resistieron a “sobrevivir” en la ciudad colapsada por la sobre población, que obligó a miles de personas a emigrar hacia la periferia de Caracas y formar las llamadas “ciudades dormitorios”. ¿Qué sentido tiene levantarse cada día cuando aun es de noche, para viajar cientos de kilómetros y encontrarse con una ciudad contaminada e hinóspita? ¿Vale la pena sacrificar la comida en familia y sucumbir al agotamiento producido por colas infernales y smog? Para quienes habitan la ecoaldea no tiene sentido alguno.

Ellos decidieron fabricar su calidad de vida, bajo la bandera “Salvemos la vida del planeta”. Hoy, aplican técnicas como la terapia homa, la permacultura, la construcción ecológica y la bioarquitectura, implementando energías alternativas como la solar, la hidráulica y la eólica, utilizando sistemas de baños secos y bio-enzimáticos para no contaminar el agua, y cultivando la tierra sin recurrir a químicos. Unidas por un ideal, personas de distintas nacionalidades, profesiones, razas, edades y credos se constituyeron como una organización no gubernamental de carácter civil, para demostrar que es posible vivir en un mundo ideal, libre de cargos de conciencia. Sólo así quedará alguna herencia a esas generaciones futuras, que seguramente tendrán mucho que reprocharnos.

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  1. Saludos, por favor donde queda esta aldea?Deseo conocerla.gracias

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