Cristina Wilhelm

El misticismo cuántico como pesudociencia

In Filosofía on 21 agosto 2009 at 8:33 PM

Por Cristina E. Wilhelm

swirleye

El misticismo cuántico es la pretensión de que las leyes de la mecánica cuántica pueden sustentar creencias místicas, similares a las que encontramos en ciertas tradiciones religiosas o creencias del New Age. Es descendiente del Problema de Medición, un rol especial que se la atribuye observador dentro de la mecánica cuántica. Pero ciertamente, estas creencias son simplemente una mistificación pseudocientífica y pseudoespiritual de una tesis más o menos moderna, que pretende aportar novedades al viejo problema filosófico sobre la relación entre lo físico y los espiritual.

Estos paralelismos con el misticismo fueron bosquejados por los fundadores de la mecánica cuántica, siendo los más notables Erwin Schrödinger, Werner Heisenberg, Eudgene Wigner y Niels Bohr. Ellos pensaban que la mecánica cuántica debía ser analizada más profundamente reexaminando el rol de la experiencia consciente en el mundo físico. Sin embargo, muchos otros científicos opinan que el misticismo cuántico es sencillamente una tergiversación de la física cuántica concebida por fanáticos. Analicemos brevemente el caso, de acuerdo con el inventario de las principales características fácticas que concibe el filósofo de la ciencia argentino Mario Bunge en su libro La Ciencia, su método y su filosofía.

Para ser considerado ciencia el conocimiento debe ser fáctico. Esto es, que parte de hechos concretos o enunciados fácticos que obtenemos de la realidad empírica a través de los sentidos. Ciertamente la Física Cuántica se considera una ciencia pues sus teorías fisico-matemáticas han sido repetidamente comprobadas y verificadas a través de la experimentación científica. Pero las leyes que la componen sólo nos permiten la interpretación de los fenómenos que ocurren en escala atómica o subatómica; en ningún momento se ha comprobado que estas leyes puedan extrapolarse a nivel macroscópico, y mucho menos que puden utilizarse para interpertar situaciones en que se las trata de usar para explicar cuestiones como las indeterminaciones del azar o el libre albedrío. Nuestro destino no es un ente material, no está compuesto por partículas y por ende no depende de las fluctuaciones cuánticas del vacío.

Uno de sus más famosos descubrimientos de la Física Cuántica nos dice que una partícula puede “estar” en dos lugares a la vez. Y que a la vez esta partícula puede comportarse como partícula o como onda. Y es precisamente esta dualidad la que ha excitado la imaginación de la comunidad pseudocientífica. A partir de esto empezó a especularse sobre la naturaleza de la realidad, partiendo de que si una partícula puede estar en dos lugares a la vez o ser dos cosas diferentes dependiendo de la variable que se considerara al momento de su medición, la realidad misma sería una especie de holograma que convive con otras realidades paralelas. Igualmente, basándose en una malinterpretación del Principio de Indeterminación de Heisenberg, se condujo erróneamente a la creencia de que el observador o sujeto era capaz de crear la realidad de acuerdo con sus deseos e intereses a través del pensamiento positivo. Según este principio, las predicciones de la teoría nunca son enteramente deterministas; lo único que la teoría puede predecir son las probabilidades de ciertos estados de los sistemas materiales estudiados. Esto nos lleva a concluir que no se puede hacer del misticismo cuántico una ciencia, partiendo que no existen variables que nos permitan medir la existencia de esa realidad holográfica o de esas realidad paralelas.

Otra prueba de que el Misticismo Cuántico no es más que una pseudociencia es que no trasciende a los hechos. Esto, debido a que partiendo de que no existen hechos concretos para evaluarlo, los mismos no pueden trascenderse así mismos, reinventarse o producir nuevos conocimientos. Todo lo que postula se basa en una especulación que parte de la deformación de realidades científicas de la mecánica cuántica. Igualmente, por no partir de enunciados fácticos, no pueden diseñarse experimentos para validarla con el rigor del método científico. Y esto hace imposible cualquier intento de hacerla verificable. Tampoco se nos muestran explicaciones claras y precisas de sus métodos. Un caso famoso es el del Dr. Masaru Emoto, quien a través de unos supuestos experimentos, atribuyó al agua ciertos poderes curativos. Pero el supuesto especialista nunca ha realizado los experimentos a la luz de la comunidad científica, invalidado todo su discurso. Sus afirmaciones son erráticas y carentes de método y difícilmente podrían consolidarse como leyes.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: