Cristina Wilhelm

El Día de la Tierra: La efeméride de la conciencia

In Periodismo on 2 septiembre 2009 at 4:47 PM

Por Cristina E. Wilhelm

electromagnetic-floating-planet-earth-globeCada año esperamos con ansias el Día de los Enamorados o de la Madre y hasta celebramos globalmente fechas insólitas como el Día de Brujas. Pero cada 22 de abril parece pasar sin pena ni gloria, a pesar de tratarse de nuestro planeta; como lo describió el científico Carl Sagan al verlo en la foto más lejana que existe de la Tierra, tomada desde el Voyager a casi seis millones de kilómetros de distancia: “Ese pálido punto azul”, que es nuestro único hogar.

El ego del hombre contemporáneo apenas empieza a digerir que él no sea el centro del universo, sino el habitante de un pálido punto azul, iluminado por un rayo de sol caprichoso, que hace posible la existencia de la humanidad. Qué insignificantes lucimos en la vasta inmensidad del espacio; qué poco trascendentales. Qué fortuito nuestro existir. ¿Qué sentido tiene? ¿Por qué estar aquí? ¿Quién es el creador del experimento sublime y perverso que es la vida terrestre? Qué preguntas tan trilladas y cuánta ausencia de respuestas satisfactorias o, por lo menos, verosímiles.

Estas interrogantes se han formulado desde hace tantos milenios que hoy, viviendo en lo que pareciera ser el inicio del final de la humanidad, pasaron a un segundo plano. Llegamos al punto crucial: el experimento de la Creación está bajo la amenaza de su principal destructor quien, consciente o inconscientemente, está tejiendo la mortaja de su propia especie, con su insaciable sed consumista y su conducta abusiva para con los recursos naturales.

Las nuevas preguntas existenciales del hombre son: ¿por qué damos pasos aniquiladores hacia nuestra propia destrucción? ¿Por qué abrazar la “no-humanidad”? Esa inquietud es cada vez más protagónica, tanto, que incluso el mundo le dedicó un día del año para celebrarla. Y no un día cualquiera, sino justamente el equinoccio de primavera en el hemisferio norte.

En 1962 un integrante del senado norteamericano llamado Gaylord Nelson dio el primer paso, al orientar su gestión hacia la meta de incluir el tema ambiental en la agenda gubernamental de Kennedy. Pero no fue hasta 1969 cuando se acuñó el ideal en el colectivo, gracias a una manifestación popular contra la Guerra de Vietnam, que fue aprovechada como palestra pro ecologista. Así, el 22 de abril de 1970 se celebró por primera vez en la historia el Día de la Tierra, una fecha dedicada a difundir información ambiental y a discutir las posibles salidas a la crisis.

Resulta paradójico que haya sido precisamente el país más contaminante del mundo el autor de esta iniciativa. Ciertamente hubo algunos avances a corto plazo, como la creación de la Agencia de Protección Medio Ambiental durante el mandato de Nixon y la promulgación del Acta del Aire Limpio (Clean Air Act) para establecer estándares seguros sobre calidad del aire, emisiones y polución contaminante. Pero al final del día esas iniciativas fueron simples pañitos calientes, pues hoy vivimos las consecuencias de los excesos energéticos de los dos últimos siglos, cuya fatalidad parece inexorable. Y aún así, los Estados Unidos se resiste a firmar el Protocolo de Kioto. Pero sin ánimos de parecer militante sentimental del partido demócrata norteamericano, sería un alivio que un país tan importante en el contexto mundial, fuera bendecido con un presidente con sensiblidad ecológica como Al Gore, quien incluso obtuvo el Premio Nobel de la Paz en el 2007, por su activismo dedicado a detener el cambio climático. El cambio radical de políticas no sólo beneficiaría a los norteamericanos, sino al mundo.

Cada vez más personas se plegan a esta celebración, que sospecho se hará más popular cada año, pues el despertar de la conciencia ambiental ya ni siquiera necesita de una sociedad con principios éticos arraigados, sino que se levantará espontáneamente impulsada por el instinto de conservación, en otras palabras, por el temor a morir tras la desaparición de nuestro hogar. Sí, es cierto. Somos sólo un pálido punto azul habitado por seis mil millones de personas que no saben de dónde vienen ni a dónde van. Pero lo importante es que a algún lado llegan. En palabras de Carl Sagan: ¿Ven el pequeño punto señalado? Esa es la Tierra. Miren de nuevo a ese punto. Eso es aquí. Ese es nuestro hogar. Ese somos nosotros. Sobre él esta todo lo que amas, todo lo que conoces, todo de lo que has oído, cada ser humano que jamás existió y vivió aquí su vida. El total de nuestro goce y nuestro sufrimiento, miles de religiones, ideologías, y doctrinas económicas, cada cazador y granjero, cada héroe y cobarde, cada creador y destructor de la civilización, cada rey y siervo, cada pareja joven enamorada, cada madre y padre, niño esperanzado, inventor y explorador, cada maestro de la moral, cada político corrupto, cada ‘superestrella’, cada ‘líder supremo’, cada santo y cada pecador en la historia de nuestra especie vivió aquí: en una mota de polvo suspendida en un rayo de sol”. ¿Necesitan más razones para celebrar el próximo 22 de abril?

© Publicado originalmente en la edición 40 de la revista Tendencia Maracaibo (2008)

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