Cristina Wilhelm

No hacen falta excusas para decir “te quiero”

In Periodismo on 15 septiembre 2009 at 12:33 AM

Por Cristina E. Wilhelm

MAMI

Los mejores recuerdos de la vida están ligados a la familia, ese grupo de personas que no elegimos, o que a veces elegimos, pero que simplemente siempre están allí. Por alguna razón no podemos dejar de amarlas, aunque en ocasiones no actúen como quisiéramos. Es un vínculo incorruptible e inexplicable.

La familia es el lugar a donde siempre queremos volver. Son los recuerdos de la infancia, los besos antes de dormir, las peleas por sentarse en la parte delantera del auto y la complicidad fraterna para esconder una travesura. El sentirse amado, las sonrisas desbordadas en los actos escolares, las noches en vela cuando la fiebre apremia y la sorpresa de los anhelados “zapato-patín” el día de tu cumpleaños. Los discursos protectores que arrebatan el temor en las noches de tormenta y las respuestas al por qué se hace de día y de noche.

La familia es el estímulo, la inspiración, el saber qué quieres ser cuando seas grande; si papá es médico quiero ser un doctor como él; si mamá es maestra quiero enseñar como ella. La familia son los abrazos prolongados que no necesitan de excusas y que se vuelven tan escasos con el pasar de los años. Es levantarte con el olor de tu desayuno predilecto una mañana de domingo y disfrutarlo en un mesa llena de sonrisas. Es sorprender tras de ti a tu padre contemplando cómo has crecido y lo mucho que te pareces a mamá, sintiendo el tierno temor de que pronto te casarás y te irás de la casa. Es la nostálgica satisfacción de ver a tu hijo convertirse en un hombre de provecho y a tu pequeña en una mujer de valores. Es soñar que tu chico descubrirá la cura del cáncer y que tu nena cambiará al mundo.

La familia es saber que hay alguien en el mundo que camina con tus ojos y tu sonrisa, que hará que vivas más tiempo a través de él y que la gente te recuerde con cada uno de sus éxitos; no te serán ajenos, pues tú tuviste que ver con ellos.

La familia es un trabajo vitalicio donde renunciar está prohibido. El deber es tender la mano y perdonar siempre. El derecho es ser amado y tener la certeza de que nunca estarás solo. Pues los amigos van y vienen y el mundo gira sin parar, pero la familia vive eterna en el corazón de quienes la integran, y ese vínculo nunca se romperá. Es más fuerte que los problemas, que las distancias y que la muerte misma.

Por eso, entrevistar a una familia me resulta siempre una experiencia inspiradora. Ver a padres e hijos mirarse a los ojos y recordar lo mucho que se quieren. Decir en una entrevista cosas que nunca se dicen cara a cara porque no hay tiempo u ocasión, y descubrirlos sintiéndose tontos por no hacerlo más a menudo. Verlos abrazarse y sentirse orgullosos de lo que tienen juntos… Es una sensación plena y eterna, que te hace sentir envidia de la buena y salir corriendo a buscar a papá y a mamá para abrazarlos y decirles lo mucho que los quieres, para darles las gracias por estar allí. “¿Pero hija, pasó algo? ¿A qué viene todo esto, mi amor? A nada mami, es que simplemente te quiero mucho”.

© Publicado originalmente en la revista Tendencia Maracaibo

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