Cristina Wilhelm

www.soloenvenezuela.com El agridulce sabor de la ironía

In Periodismo on 24 septiembre 2009 at 3:22 PM

Por Cristina E. Wilhelm

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Un país se conoce transitando sus calles. Utilizando el transporte público y mirando atento por la ventana. Escuchando los sonidos de la expresión popular y leyendo carteles y grafitis. Es esa interacción entre ciudadanos y ciudad la que hace emerger la identidad colectiva de una nación. Y eso fue precisamente lo que inspiró a los creadores de un particular blog llamado Soloenvenezuela.com.

El tema político es tratado con salsa de picante en mano. A sus visitantes no les quedará duda de la ideología que sus creadores profesan. Sin embargo, el consejo más útil en este caso es que, independientemente de que la mente esté teñida de rojo rojito o no, el sitio debe ser visto como una interesante radiografía de una Venezuela que no se puede esconder debajo del tapete. Es la Venezuela que coexiste con esa otra que lucha por ser más cosmopolita, pero que a la hora del té resulta ser la más pintoresca y distintiva. Más real. Hasta más dolorosa, ya que revela el analfabetismo cultural y social que crece como musgo por este lado del mundo. Pero he allí justamente la ironía que encierran las nueve letras de nuestra Venezuela.

Haciendo la lectura a través de una lente más optimista, Soloenvenezuela.com revela la creatividad y el sentido del humor únicos del venezolano. Esa característica tan particular y difícil de poner en palabras, que desde los días del colegio nos imprimieron en el inconsciente como la “viveza criolla”, toma forma de imágenes que hablan por sí solas, con gran poder, a pesar de ser sólo clicks de aficionados que estuvieron en el lugar y momentos precisos, con una cámara lista para disparar y con la capacidad de sacarse por un momento de encima el manto de la cotidianidad y ver las cosas desde afuera con la capacidad de asombro intacta.

Porque sólo quienes nacimos aquí podemos permanecer estoicos ante hechos como, por ejemplo, que las ventanas de las autos sean utilizadas como pizarrones públicos donde se anuncia el orgullo de un padre por tener un hijo que se acaba de graduar. O al encontrarnos con carteles con anuncios como: “Serrado por fallas en el Cistema”, “Se pintan casas a domicilio” o “Zona Robo de Celulares”. Ni hablar de  espectáculos como el autobús escolar con un aire acondicionado de pared instalado o el burro de ojos tristes que arrastra en su carreta hasta la chatarra de un Fiat Uno incendiado.

Esas son las estampas que todos los venezolanos vemos a diario en nuestras calles y que no tienen cabida en ningún folleto turístico. Quienes vienen de visita las fotografían frenéticamente y sonriendo. Quienes vivimos acá las ignoramos o las observamos con humor, pero sin profundas impresiones. Quizás un poco de tristeza al encontrarnos cara a cara con la ignorancia y las necesidades insatisfechas. No está bien ni mal. Simplemente es así. Esa es la ironía.

© Publicado originalmente en la edición 45 de la revista Tendencia (2008)

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