Cristina Wilhelm

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Godiva: Chocolate de leyenda

In Periodismo on 7 diciembre 2009 at 9:00 PM

Por Cristina E. Wilhelm

El mundo entero se ha deleitado con los productos de una marca de chocolates nacida en Bruselas, Bélgica, que desde 1926 ha conquistado paladares y que hoy está presente en más de ochenta países en el mundo. Cuando de chocolates se trata, nada supera a Lady Godiva.

A principios del siglo XI existió una mujer famosa por su belleza y bondad, llamada Lady Godiva, que en latín significa “regalos de Dios”. Era la esposa del conde de Chester y de Mercia, y además señor de Coventry. Cuando el esposo cedió a la ambición que naturalmente se abraza al poder, esta noble mujer pidió a su consorte que disminuyera los impuestos para ayudar a sus vasallos. Éste, tratando de disuadirla, accedió con una condición: que recorriera las calles de Conventry montada en un caballo, sin más vestiduras que sus largos cabellos. Los habitantes del pueblo, conmovidos, acordaron permanecer en sus casas, con las ventanas cerradas. Finalmente, el conde Lord Leofric cumplió su promesa y los impuestos fueron rebajados.

Muchos siglos despuñes, este personaje legendario fue la inspiración para la creación de una de las marcas de bombones más lujosas del mundo: Godiva, a manos de un reconocido chocolatier belga llamado Joseph Draps. Hoy, el mundo entero reconoce sus productos hechos a mano como las más elegantes, con un acabado tan perfecto como el de las obras de Rubens. Sus boutiques exclusivas atraen clientes en capitales de países como Francia, Alemania, Japón, Dubai, Italia, el Reino Unido y los Estados Unidos. Sólo en norteamérica hay más de doscientas setenta tiendas de Godiva, ncluyendo la que está ubicada en la Quinta Avenida de Nueva York. Sólo en el 2007 las ventas anuales de la marca superaron los quinientos millones de dólares.

Además de bombones, Godiva ofrece otros productos como galletas, trufas, frutas bañadas en chocolate y licores. Además, tiene una línea de bebidas a base de café y chocolate, conjuntamente con The Coca-Cola Company, llamada Godiva Begian Blends. Sea cual sea el producto que abra el apetito, hay que tener bien claro que estamos ante la presencia de un verdadero manjar, y que por lo tanto los precios no serán accesibles para todos. Pero he allí precisamente el encanto: lo que más deseamos es lo más difícil de poseer.

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Libros: Por el Camino de Swann. Marcel Proust

In Reseñas on 7 diciembre 2009 at 8:40 PM

Por Cristina E. Wilhelm

Me da tristeza cuando escucho a la gente decir que la vida es muy corta para leer a Proust. Muchos sólo conocen de este maravilloso escritor francés por la referencia que sobre él hace el personaje de la película Little Miss Sunshine. Pero lo cierto es que quien se preciede ser un verdadero lector no puede dejar de sumergirs en esta aventura, que inicia con este volúmen -el primero de siete tomos- titulado Por el Camino de Swann. Es, sin duda, la mejor forma de conocer a profundidada la alta burguesía y la aristocracia francesa de principios de siglo XX.

La obra empieza con un pasaje que describe de forma vívida e instrospectiva la experiencia de despertar luego de un sueño, sin saber dónde te encuentraso siquiera si es de día o de noche. El narrador nos revela la vida de Swann, un noble burgués que termina perdidamente enamorado de una mujer de dudosa reputación llamada Odette de Crécy. El idilio es una excusa para expresar, como nunca nadie ha podido expresarlo, el papel de los sentidos en la forma como vivimos y recordamos haber vivido. Ya no queda nada por escribir sobre el célebre episodio de del olor de la magdalena remojada en té que despierta los recuerdos olvidados de la niñez del protagonista, transcurrida en Combray: “Pero cuando nada subsiste ya de un pasado antiguo, cuando han muerto los seres y se han derrumbado las cosas, solos, más frágiles, más vivos, más inmateriales, más persistentes y más fieles que nunca, el olor y el sabor perduran mucho más, y recuerdam y aguardan, y esperan, sobre las ruinas de todo, y soportan sin doblegarse en su impalpable gotita el edificio enorme del recuerdo“. Honestamente reseñar un libro de Proust es una necedad. Este es un autor que hay que leer y ya.

Apología de la Opulencia (para Latinoamericanos)

In Periodismo on 7 diciembre 2009 at 8:23 PM

Por Cristina E. Wilhelm

Podemos definir el oro como el elemento número 79 de la tabla periódica. También podemos describirlo como un metal de color amarillo cuyo símbolo es Au. Pero ninguna de esas definiciones es capaz de explicar realmente lo que significa para el hombre. Este elemento no es esencial a ningún ser vivo; biológicamente, nuestro cuerpo no lo necesita para nada. Sin embargo, por alguna razón inexplicable, históricamente el ser humano se ha fascinado por su brillo y ha hecho hasta lo imperdonable por poseerlo.

En el Antiguo Egipto, la orfebrería con oro era un arte digno únicamente de dioses y faraones. En el Éxodo bíblico, el mismo Dios ordenó a Moisés construirle un santuario revestido en oro, y los peregrinos desesperanzados de encontrar la Tierra Prometida se fabricaron un becerro de oro para adorar. La historia del Imperio Bizantino está fundamentada en la opulencia áurea, y durante la Edad media, la obsesión de los alquimistas era develar los misterios de la piedra filosofal, esa sustancia capaz de transmutar cualquier metal vulgar en oro. No cabe duda de que el oro es un símbolo de triunfo, poder, longevidad, inmortalidad y grandeza. Es la más alta medalla que se otorga en cualquier evento olímpico. Es el metal con el que se forjan las alianzas entre parejas, es el elemento a través del cual se honra a los dioses, es el metal que glorifica a las celebridades del mundo de hoy.

Lo paradójico de la historia es que América Latina ha permanecido relativamente al margen de su opulencia, a pesar de ser el continente proveedor de oro por excelencia en el mundo. Durante la conquista española, el oro de América sirvió para revestir las grandes construcciones europeas. Y más de uno perdió su vida en la selva amazónica, para encontrar ese lugar mítico llamado El Dorado, el cual se suponía era un reino donde hasta las calles eran de oro. Con acierto afirma Eduardo Galeano, en su célebre libro Las Venas Abiertas de América Latina, que las materias primas resultaron ser la maldición de los países latinos. Lo curioso es que hoy son precisamente esas materias primas las que están sustentando una parte importante de la economía mundial. Los latinoamericanos debemos internalizar que somos una nación donde el lujo es una condición congénita. Nuestros ríos y subsuelos están llenos de oro, diamantes y todo tipo de piedras preciosas. Tenemos además el llamado oro negro, el petróleo,  que se perfila como la esperanza máxima del desarrollo. Debemos extirpar de nuestro inconsciente el complejo de los días en que nuestras tierras fueron saqueadas y dejar, de una vez por todas, de buscar El Dorado, porque siempre ha estado frente a nuestras narices: El Dorado es el continente, es la gente que lucha a diario por forjarse un porvenir, es el hombre que se atreve a soñar una América Latina opulenta y progresista sin sentirse culpable, porque soñar con el lujo no es un pecado.

Publicado originalmente en la edición 48 de la revista Tendencia (2009)