Cristina Wilhelm

Shopaholic: Pónle límites a tu adicción

In Periodismo on 1 agosto 2010 at 5:46 PM

Por Cristina E. Wilhelm

Uno de los placeres que nos ha brindado la sociedad de consumo es el poder sacar una tarjeta de crédito y meternos en un centro comercial a comprarnos todo lo que nos guiñe el ojo desde la vitrina. Sin embargo, existe una delgada línea que separa el shopping terapéutico de las compras compulsivas. Antes de que el saldo de tu tarjeta de crédito se tiña de rojo, establece cuáles son los límites de un consumo saludable.

Si hay algo que me ha enseñado la vida es que cuando se tiene una -o varias- tarjetas de crédito, tus prioridades en la vida se alteran con mucha facilidad. De repente, ahorrar para las cuotas del seguro del carro parece menos urgente que tener unos fabulosos stilettos, y sin darte cuenta, terminas con las cuentas bajo cero, las deudas por el cielo y doce pares de zapatos más de los que en realidad necesitas.

Más allá de una actitud irresponsable o inmadura, en algunos casos las compras compulsivas son el producto de una patología que afecta a los individuos de personalidad adictiva. Porque es innegable: después de un día terrible, de esos cuando nos sentimos deprimidos y escuchamos las canciones más desagarradoras de nuestro iPod, nada supera el efecto terapéutico de comprarse algo lindo por pura vanidad. El problema se presenta cuando esta conducta se hace repetitiva, hasta desencadenar en auténticos episodios obsesivos.

Para el comprador compulsivo, estar frente a una vitrina acelera el ritmo cardíaco; de hecho, estudios científicos comprueban que este síndrome comparte la misma sintomatología de las personas que padecen adicción a las drogas, el juego o cualquier otra patología adictiva. Las consecuencia de ser shopaholic son obvias: endeudamiento, problemas familiares, sentimientos de culpa, baja autoestima, depresión crónica y, porsupuesto, un clóset lleno de ropa que no te gusta en realidad, que no es de tu talla o que simplemente no necesitas.

Es importante entender que cada ser humano vale por quien es y no por los bienes materiales que posee. Esta frase tan cliché es algo que los adictos al shopping no pueden entender, ya que constantemente están en la búsqueda de un objeto que llene el vacío dejado por carencias afectivas y de autoestima.

Si te sientes identificado con lo que lees tienes dos alternativas. La primera es buscar ayuda profesional; no hay motivo para sentir vergüenza. La segunda es tomar las riendas del caso emprendiendo pequeñas acciones que te ayudarán a despertar:

* Deja la tarjeta de crédito en casa. Tenerla contigo todo el tiempo será una tentación.

* Sal una tarde a hacer sólo window shopping. Esto quiere decir, ver vitrinas sin comprar nada. Anota lo que te gustaría comprarte. Te aseguro que al día siguiente caerás en cuenta de que el 90% de la lista son cosas que no te hacen falta.

* Evita las compras por Internet, ya que con sólo un click podrías endeudarte hasta la asfixia.

* Saca cuentas de lo que has comprado en los últimos mses y piensa en el viaje que hubieras podido hacer su hubieras ahorrado ese dinero.

* En Europa, el último sábado de noviembre se celebra el Día Internacional Sin Compras. Practícalo un sábado de cada mes y verás cómo los números rojos reviven en verde.

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